Siempre me han atraído las brujas. La mala fama que tenían en la sociedad patriarcal me parecía una buena señal, consideraba que algo bueno habrían hecho para que las mutilaran y las difamaran tanto.
Si, por ejemplo, analizamos brevemente cómo fotografían a las brujas en las películas infantiles podremos atisbar el principio. Todas son mujeres independientes, poderosas, feas y solitarias. Utilizan a menudo a los hombres y no son estos los que las utilizan a ellas. Son mujeres que a menudo a sufrido una terrible historia que les ha hecho renunciar a su feminidad y hacerse con el poder de su vida. Sin embargo esto tiene una imagen negativa en las películas infantiles, y no tan infantiles. ¿Por qué? Porque son unas rebeldes, tienen poder y son independientes. Disfrutan de su sexualidad y no necesitan el poder masculino para hacerse fuertes. Y claro, eso no agrada.
Cuando este curso tuve que enfrentar mi trabajo de fin de grado, abordé, brevemente, la figura de las brujas en la medicina. Las mujeres fueron apartadas del arte de cuidar cuando ellas
eran las primeras médicas y
anatomistas de la historia occidental. Eran sanadoras autónomas siendo sus
cuidados la única atención médica al alcance de los pobres y de las propias
mujeres. Las doctrinas de carácter teológico y ritual eran tareas
masculinizadas donde la mujer era desprestigiada (religión católica).
La lucha
contra la brujería fue una lucha política, no sólo en relación a la lucha de
sexos, sino también en lo referente a la lucha de clases. Las sanadoras eran
las médicas del pueblo, su ciencia formaba parte de la subcultura popular,
mientras que los profesionales de la medicina eran varones, los cuales siempre
han estado al servicio de la clase dominante, tanto en el aspecto medico como
político. Han contado con el soporte de las universidades, las fundaciones
filantrópicas y las leyes.
Sin embargo, las
brujas fueron condenadas a la hoguera mucho antes de que apareciera el
monopolio médico. La mayor parte de esas mujeres eran sanadoras independientes
bien organizadas, representando una amenaza política, religiosa y sexual para
la Iglesia, tanto católica como protestante, y también para el Estado. Las principales
acusaciones que se repiten a lo largo de la historia de la persecución de las
brujas en todo el Norte de Europa son tres:
- Crímenes
sexuales: todo el poder que poseían las brujas procedía de la sexualidad, considerando
que ésta solo podía proceder del demonio.
- De
estar organizadas. La organización campesina mejoraba los contactos entre
aldeas y establecía un espíritu de solidaridad y autonomía entre los
campesinos, lo cual amenazaba terriblemente el poder del Estado y de la
Iglesia.
- Posesión
de poderes mágicos para la curación, las cuales eran las únicas personas que
prestaban asistencia curativa a la gente del pueblo que no poseía médicos ni
hospitales y vivía pobremente bajo el yugo de la miseria y la enfermedad.
La bruja
encarnaba, por tanto, una triple amenaza para la Iglesia, el Estado y para la medicina, puesto que en primer lugar era mujer y no se
avergonzaba de serlo; por otro lado aparentemente formaba parte de un movimiento clandestino organizado de
mujeres campesinas; y finalmente era una sanadora cuya práctica estaba basada
en estudios empíricos. Su represión marca una de las primeras etapas en la
lucha de los hombres para eliminar a las mujeres de la práctica de la medicina
(Ehrenreich y English, 1973).
Esto es un breve abordaje acerca del tema, si os interesa iré publicando más su historia, porque su historia es NUESTRA HISTORIA. Del mismo modo que se nos señalo que el Holocausto fue dirigido hacia los judíos, nos deberían decir en las clases de historia que la Inquisición a quien más se enfrentaba era hacia las mujeres, hacia todas aquellas que renunciaban el papel secundario en la historia.
¿Por qué lo silencian?
Yo soy una bruja, ¿y tú?
Salud.
Patricia.